
Historia Bud Prest:
Cierto día de otoño la casa se encontraba en silencio. No se oía ningún sonido provenir desde la cocina donde Dolly, su madre, solía preparar sabrosos desayunos a esas horas de la mañana.
Bud se levanta de la cama y lo primero con lo que se topa es con su varita mágica. ¿Por qué esas malditas reglas de no usar magia en nuestras casas… si mi madre puede vigilarme, si todo está bajo control? Bud se sintió tan frustrado como cada vez que echaba un vistazo a su alargada y nudosa varita: una nogal, nervio de dragón, rígida, 32'4 centímetros. También habría oído que tendría mucha fuerza por su primer componente pero también arte en su desempeño gracias a la voluntad de las hadas. Según pensaba él era una típica varita de mago joven e inexperto sin grandes cualidades.
Bud vivía sólo con su madre, la única parte viva de la familia. Nuca había tenido hermanos y su padre había muerto hace años por causa de un cáncer de pulmón que pese a los hechizos que había conjurado su madre durante semanas no surtieron efecto, afecciones de un muggle.
Sangre impura como era no se veía afectado por este hecho ya que nunca se cuestionó el poder de la familia sabiendo desde el principio que no estaba determinado genéticamente sino por su propia mente y alma.
Bajó las escaleras y allí la encontró con sus manos cruzadas sobre la mesa.
¿Qué pasa mamá? Preguntó con tono de tristeza y un brillo en sus ojos que inspiraba ternura.
No quiero que vayas, no me siento preparada para liberarte esta vez. No quiero quedarme sola Bud. Era evidente que su madre no aceptaba la idea de vivir sola en aquella casa grande.
Su única compañía eran los dos elfos domésticos que habían sido sucedidos de generación en generación. Bud, por lo visto, ya no estaría para el comienzo de clases y no podía hacerse a la idea.
Mamá, te escribiré en cuanto pueda… sabes que ir a Hogwarts es, entre otras cosas, lo mejor que me pueda pasar. Por fin podré dejar de ver la varita reposada en mi cuarto para demostrarte todo lo que puedo hacer con ella. ¿No es genial acaso?
Ella lo miró pensativa pero con una duda en sus ojos
Claro que es genial mi vida, es todo lo que deseas, es que se me hace difícil dejarte ir, dejarte partir lejos de mis brazos protectores. Sé que estarás cuidado, pero nadie estará aquí para comer conmigo en las noches… nadie estará para darme esos abrazos que tú me proporcionas cariño.
Bud la mira nuevamente y las palabras ya no eran suficientes para demostrarle su amor.
Corre directamente a sus brazos y ella se levanta.
Te quiero mucho mamá.
Y yo a ti bebote hermoso. Te quiero con toda mi alma.
Bud sabía que no estaba preparada todavía pero también sabía que era lo mejor para ambos. Un hombre fuerte en la casa y con una carrera completa. Quizá algún día pudiera trabajar en el ministerio y mantenerla para darle mayor seguridad.
El tiempo lo diría, mientras tanto tenía que hacerse a la idea de alejarse del valle de Gryffindor para encontrar su propio camino.
Su idea desde un principio había sido entrar en la casa de Slytherin, se decía que en aquella casa se encontraban los más inteligentes y astutos… pero Bud sabía que eso no era cierto. Sabía que esté donde esté sería el mejor en lo que hiciera. Tarde o temprano le demostraría a todos que no por pertenecer a las tierras de Griffindor debía honrar el nombre de alguien que, por más que hubiese dado todo de sí para fundar la escuela, no representaba a los magos más fuertes y poderosos sino a los estudiantes que supieron destacarse por sus habilidades.
Él tenía ese talento necesario y junto con su creatividad y honestidad demostraría que Slytherin no era una escuela para chicos malos… era una casa como las otras. El gran mago lo formaba uno mismo.
HOBBIES:
Desde pequeño Bud pensó que la magia era lo mejor que le podía haber pasado, lamentablemente al llegar a la edad de madurez conciente tuvo que dejar de utilizarla por cuestiones “legales” por así decirlo. Todo niño que entra en su temprana adolescencia no tiene permitido el uso de la magia hasta que se gradúa de la escuela de magia y hechicería.
Ciertas reglas siplemente no las entendía. Bud creía que debía existir un control, una especie de regulación para ciertos actos de vandalismo juvenil que llevan a que el mal conocimiento de las artes mágicas, y hasta ocultistas en ciertas ocasiones, traiga consecuencias imprevistas y nefastas.
En los casos en los que los niños pueden ser dirigidos por sus propios padres, o su madre en caso de Bud, debería ser libre el uso de la magia ya que en ese momento no sólo estaría habilitado para utilizar su varita para lo que quisiese, sino también, para aprender a utilizarla.
Bud tenía entendido que en primer año ya verían defensa contra las artes oscuras, materia que le interesó desde el momento en que leyó por primera vez su nombre en un lomo del callejón Diagon. Insistió por días para que su madre le comprara el ejemplar, hasta que, por supuesto, ella se lo compró.
Semanas enteras le llevó devorarse el tomo de 1457 páginas, tal como había percibido en cuanto abrió la última página en blanco que rezaba en su encabezado: “Contrahechizos de nivel superior – Pág: 1457”
La teoría era sencilla de leer, pero muy complicada de incorporar. Fácil era imaginarse diciendo unas palabras para lograr que una gota de agua se convirtiese en un escudo protector contra Phoenixs afectados por la rabia de fuego, lo difícil era estar en el momento menos oportuno, luchando porque una bestia semejante no se abalance contra tu indefenso cuerpo mientras dibujas una suerte de pentagrama con tu varita e imaginas una lluvia torrencial en forma de espiral tal como pedía el capítulo XXIV del tomo uno de defensa contra las artes oscuras.
La idea ya se había generado en su cabeza por el momento, no faltaría mucho para poder practicar los hechizos en la escuela con la libertad que se merecía alguien tan perseverante como Bud.
LOS DETALLES SOBRE EL CARÁCTER:
Bud siempre fue una persona estudiosa, por lo que el ámbito atlético no lo interesaba lo suficiente como para introducirse en un mundo tan aburrido como el Squib.
Su cuadra estaba, misteriosamente, habitada por cinco niños Squib que habían aprendido a jugar soccer en reemplazo del fascinante Quiditch.
El era el sexto niño de la cuadra, y gracias a los dones del cielo (y el aporte genético de la madre de Bud) no había compartido la mala suerte de ser un Squib.
Varias fueron las veces que Geremy, su inmediato vecino de la izquierda, le había invitado a ir al parque a jugar o al cine… pero todas eran actividades que a un chico mágino no podían interesarle, no por lo menos a Bud.
Tanto fue así que Dolly escuchó los rumores del barrio y les prestó atención con oídos de madre.
Me preocupa un poco lo que creo que te está pasando Bud. Le dijo un día hace ya tres años cuando ella y su padre lo estaban acostando a dormir. Me ha dicho la madre de Kelly que nunca aceptas sus invitaciones para salir, yo pensé que eran ellos los que no querían juntarse contigo.
Mamá, papá, no se preocupen, estoy perfectamente bien, pero debo admitirles que el deporte físico no mágico no me llama la atención… no son los niños los que me molestan sino lo aburrido de sus actividades. ¿Acaso cuando eran niños no encontraban más fascinante leer sobre lo maravilloso de las pociones y los hechizos transmutadores?
Dolly soltó una risita tímida mientras su padre se sentó a su lado en la cama para explicarle lo que para él era una realidad:
Bud, ya tendrás tiempo para hartarte de pociones, ya tendrás tiempo para practicar hechizos aturdidores y transformar caparazones de caracol en trasladores bidireccionales, pero tu madre y yo creemos que tu vida social debería ser un poco más amplia, eso es todo.
Bud oía con suma atención. Todo lo que decía su padre tenía correctos fundamentos y no le parecían para nada tonterías.
Creo que tienen razón, quizá estoy muy encerrado con mis gustos… pero creo que la solución no es, ni lejos, realizar actividades que no me gusten o que me hagan sentir que pierdo mi tiempo.
La charla terminó en aquél mismo momento cuando ambos padres notaron que Bud entendía sus motivos para darle tal charla y los objetivos de sociabilizarse con otra gente: ¡Podría aprender muchísimo más rápido! Si tenía una vista subjetiva de otra persona que estudiase lo mismo que él.
*La anécdota del elegido:
Semanas después de la charla con sus padres, Bud decidió implementar su plan de amistad a largo plazo. Sería difícil mantener el papel si eso era lo que se proponía, pero no tendría un amigo mediocre que satisfaga las necesidades del mundo exterior que pedía que Bud sociabilizara.
Una tarde de lluvia en que su padre se encontraba leyendo unos libros de quién sabe qué extravagantes temas y su madre preparaba una torta de queso, Bud saludó en una voz casi imperceptible y cruzó el umbral que dividía el recibidor de madera de la puerta de entrada.
La lluvia le repiqueteó en la frente y su lacio y oscuro cabello se fue mojando hilo por hilo mientras avanzaba rápidamente hacia el galpón de la parte posterior.
El pórtico de madera rechinó mientras Bud avanzaba lentamente para encontrarse con el amplio espacio del lugar. Allí tendría el tiempo y espacio suficiente para lograr completar su manualidad.
En la mochila que llevaba colgada al hombro desde que había dejado la casa llevaba mucho algodón, tres rollos de papel higiénico y cola de pegar a montones.
Bud se acercó a la mesa de trabajo en la que su padre solía cortarle las raíces a las cosechas de otoño y depositó todo el material de trabajo mientras dejó su chaqueta húmeda colgada en un rastrillo como si fuera perchero.
Mezcló cuidadosamente unas cuantas capas de papel higiénico en un balde que encontró debajo de los tablones de la mesada y así comenzó su manualidad.
La pasta que había formado se iba secando cada minuto o dos mientras el pegote iba tomando forma extraña. Sus dedos estaban cada vez más sucios de polvo volátil y pegamento, un poco de papel y más polvo.
El engendro que estaba formado no tenía una silueta conocida pero a la vez resultaba muy familiar. Era estirado y muy grande para ser lo que parecía.
Lo último que agregó fue un poco de algodón en la última capa para dar aspecto de acolchonado, apelmasado pero suave.
La serpiente que había creado tenía poco más de metro de largo y unos ocho centímetros de diámetro.
El armado que le había dado le permitía encastrar la cabeza y veinte centímetros de la cola para poder meterlo en su mochila sin dificultad.
Para la hora en la que Bud terminó con la serpiente el sol ya se había hecho paso entre las grises nubes y se iba escondiendo hacia el oeste.
El niño salió de su aislamiento y se encontró con su madre que le dedicaba una sonrisa desde la ventana de la cocina por donde podía observarlo.
¡Voy al centro mamá! Le gritó desde el galpón mientras iba con su mochila abultada directo hacia el buzón de entrada.
Tres cuadras fue lo que caminó hasta que encontró a un grupo de seis niños que aparentaban tener su misma edad.
Debo actuar rápidamente antes de que sea de noche y se vayan a sus casas.
Dos niñas estaban hamacándose en una rueda suspendida por una cuerda a un árbol muy nudoso. Los muchachos estaban corriéndose unos a otros.
La cabeza de la serpiente era grande pero para nada aterradora, quiso armarla quizá como símbolo de la astucia, aunque era más probable que su intención sea asustar a los niños para probar su potencial. Terminó de encastrar las tres partes de la suave serpiente gris y se acurrucó detrás de un arbusto muy tupido que podía tapar completamente su cuerpo.
Bud se decidió, alzó la serpiente y la lanzó lo más lejos posible cruzando todo el terreno en que los niños jugaban.
La serpiente cruzó el cielo mucho más lentamente de lo que la gravedad le permitiría… tardó el tiempo suficiente para que la niña de pelo rubio que empujaba a la pelirroja sentada en la rueda, gritara con un agudo chillido que alertó al resto del grupo.
Los cuatro niños corrieron rápidamente en diferentes direcciones, no podía pedirse más de niños tan pequeños, nadie se atrevería a cuestionarles que no socorrieran a las mujeres del grupo.
La rubia se paró firme y le dijo a la pelirroja:
¡Jem!¡ Es una serpiente voladora!
La pelirroja, todavía tan asustada como la rubia le contestó:
Cally, no es una serpiente, es un Patronus… Fue ese el momento en que ambas entendieron que si un patronus había sido conjurado cercano a ellas es que un Dementor debía andar cerca.
No lo puedo creer, ¿qué haría un Dementor en el valle de Gryffindor?
Jem, en su horror y rapidez intentaba enteder por qué sucedía aquello, mientras tanto Bud miraba desde atrás del arbusto la situación que se había desatado en tan sólo unos segundos.
La rubia Cally había comenzado a correr mirando hacia atrás y verificando que Jem la siguiera, pero algo extraño había sucedido, la pelirroja tenía su carita mirando hacia el suelo, sus puños apretados y sus músculos muy tensos.
Bud observó lo que seguía con mucha atención, vió desaparecer a Cally entre los árboles del oeste gritando por ayuda, pero Jem se había quedado, estaba inmóvil.
En ese mismo instante Bud comenzó a asustarse, sentirse culpable por lo que había hecho, ella no tenía la culpa de lo que él quería lograr.
Acto seguido, todo aquello que Bud esperaba sucedió.
Un calor le abrazó por detrás mientras una fina capa de luz iluminó a Jem. Una pequeña nube se dispersó desde el centro del pecho de ésta y cobró forma mucho más rápido de lo que podía imaginarse Bud, nunca había visto un Patronus real… sólo había hojeado su tomo de Defensa contra las artes oscuras y allí estaba la misma imagen pero con otra forma, del centro del pecho de Jem ahora salía una nube sin forma pero muy clara y volátil que se volvió a esconder por el mismo lugar por el que apareció.
La niña calló al suelo de rodillas y Bud corrió a su encuentro.
Mamá… Sollozó Jem con los ojos llenos de lágrimas.
Soy Bud, no me conoces, te llevaré donde está tu mamá… dime donde vives. Bud estaba profundamente apenado.
Una semana pasó desde aquél día cuando su madre le interrogó sobre lo que había pasado.
¿Sabías que casi más la quitan de la lista de inscripción a la escuela por ese pequeño truquillo de la serpiente patronus? Su tono era severo y estaba realmente enojada.
Discúlpame mamá, pero antes que a ti, debo pedirle perdón a ella. Bud se destensionó una vez que verbalizó sus sentimientos de culpa y luego se echó a llorar.
Entenderás entonces que debes ir a disculparte. Sentenció Dolly luego con una mirada aprobatoria del padre que aún estaba sentado en la mesa de la cocina luego del almuerzo.
Iré hoy mismo.
Por primera vez, Bud volvió a repetir el camino que aquél día con la serpiente “patronus”, había recorrido.
Se paró sobre sus rodillas fuertemente para darse fuerza mientras tocaba el timbre de la casa que le habían dicho, era la de Jem.
Una mujer pelirroja de unos 30 años se asomó a la mirilla y luego abrió al ver que un niño llamaba a la puerta.
¿Se te ofrece algo? Preguntó con tono amable.
Vengo a ver a Jem.
Ah, eres amigo de mi hija. ¡Pasa! Ponte cómodo que en un segundo la llamo.
La casa era de ladrillo en su interior y por lo visto la familia era amante de los gatos, no solo porque en su camino se le cruzaran tres de ellos en variados colores, sino por los retratos móviles de las cuatro paredes y el lateral de la escalera que daba al primer piso.
Minutos después observa a Jem bajar por las escaleras algo desconcertada por volver a ver a aquél niño que la había salvado en su desmayo hacía una semana.
Los dejo solos, voy a traerles unas galletas. Dijo la madre de Jem retirándose a la vez que cerró la puerta corrediza que separaba la cocina de la sala de estar.
Hola…
Bud, mi nombre es Bud Completó él algo nervioso.
No sabía dónde vivías, mi madre me dijo que me trajiste hasta casa el día que me desmayé.
Es verdad, te traje corriendo como nunca, me preocupé muchísimo.
Yo no. Afirmó ella luego de largar una risotada al recordar que era imposible que ella se preocupara si estaba desmayada.
Ambos re rieron fuertemente.
¿Sabes qué pasó con los dementores? Preguntó ella armando las piezas del rompecabezas que no había tocado desde el momento en que todo había sucedido.
No había ningunos dementores Jem.
¿Cómo sabes mi nombre?
Aparte de que lo mencionó tu madre cuando te traje a tu casa, oí que lo mencionaba Cally mientras te columpiaba en la goma.
¿Estabas espiando?
Yo fui quien lanzó la serpiente al aire.
¡Qué serpien…! La cara de Jem se transfiguró al entender lo que estaba ocurriendo. –¿No era aquello un patronus entonces?
Claro que no, ¿qué haría un dementor por estas zonas como para que alguien conjure un patronus?
Entonces tú…
Antes de que digas nada, quiero pedirte disculpas por aquello. No sé en qué estaba pensando. En sí obtuve lo que quería… fuiste la única que pudo decifrar que si habría un patronus cerca necesariamente debía haber peligro. Es más sabías que un patronus se relaciona directamente a los dementores. ¿De dónde sacaste eso?
Libros, leo mucho sobre ellos… me gusta mucho la historia de la magia y mi padre tiene varios libros de historias de guerra y pelea entre seres desagradables como los dementores.
¿Entonces sabes conjurar un patronus a voluntad?
Pero qué tonterías estás diciendo, ¿Yo, un patronus? Claro… con forma de paleta dulce ¡jajajaja! Jem lanzó una carcajada mientras fruncía el entrecejo intentando descubrir por qué Bud había dicho eso
Yo lo ví, de tu pecho salió un patronus… no tenía forma pero estoy seguro de que era un patronus.
No puedo creerlo, pero si yo no lo conjuré.
Estoy seguro de que sí, lo habrás conjurado involuntariamente. Leí sobre aquello, en casos excepcionales en los que puede verse involucrado el miedo o fuertes emociones, una persona puede utilizar sus habilidades mágicas para defenderse o realizar hechizos que incluso no sabe.
¿Tú crees que yo hice eso?
Definitivamente, conjuraste un patronus porque sabías lo que era y porque tenías miedo de que se acercara un dementor. Eres una genia.
No digas tonterías, aunque tiene sentido, todavía no me explico por qué llegó aquella carta asegurando que yo había realizado un hechizo del nivel superior incluso antes de tener una varita y menos de saber utilizarla. No querían dejarme ingresar a Hogwarts dentro de tres años.
No lo puedo creer, y todo por mi culpa.
No te culpes, fue una niñería, lo entiendo… es más estoy emocionada: ¡conjuré un Patronus!
Ambos sonrieron y notaron que su amistad comenzaba ahí. Los dos descubrieron rápidamente que sus intereses eran los mismos y especialmente Bud entendió la necesidad de compartir su infancia con otra persona que haga lo mismo que él.
El conocimiento los llevaba a ambos hacia adelante mientras se divertían y pasaban muchísimos buenos momentos juntos.
Ambos eran felices juntos.
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EQUIPO BÁSICO:
*Varita mágica.
*Su tomo de DCAO de 1457 páginas que se sabe de memoria.
*Un cactus que adora como mascota, se lo regaló Dolly cinco cumpleaños atrás después de terminar su primer año. Dicho cáctus tiene la habilidad de deformarse muy rápidamente, lo cual llama mucho la atención de Bud. Es una planta y nada más que eso, pero le salen tuberculos extraños y pinches finos y gruesos por todos lados. Una planta pequeña que necesita muy pocos cuidados.
*Vestimenta sobre su estilo, un equipaje entero.
*Escoba para jugar quiditch (aunque no suele estar en el equipo del colegio)
*Todos sus libros para el 7º año de escolaridad en Hw.
*Una foto de su madre que le tira besos y hace gestos de abrazos, otra foto de ella cocinando torta de queso de la cual sale un humito blanco con olor a su propia cocina... le recuerda siempre a sus mañanas de desayunos.
*Una foto estática de su padre de jóven, cuando recién se casaba con Dolly.
*La cabeza de la serpiente "patronus" que había sido devastada por los años. Quedaba muy poco de ella estaba despegado el algodón de la parte exterior, pero aún así es lo que lo seguía unido a Jem. Aunque ella siguiera en el colegio y él la viera continuamente, guardaba este recuerdo para recordarla por las noches cuando ella se iba a dormir al cuarto de Gryffindor.
*Unos cuantos dulces agrios en pastillas encapsuladas de sabor comprimido.
*El Iphone que le compró la madre de Kelly en su último viaje a Nueva York cuando visitó las tiendas de Apple con descuentos extra-oficiales. El celular no funcionaba pero le encantaban las aplicaciones que había creado con el sistema SDK para programar su aparato. Lo utilizaba para hacer cálculos sobre sus hechizos y para las clases de Numerología y Astronomía, ya que por supuesto contaba con calculador y anotadores varios. sin contar que se había generado su propio programa de runas con lectura rápida de sus contenidos.
jueves, 11 de junio de 2009
Bud Prest
Publicado por el Zore en 16:45
Etiquetas: Fantasía, Harry Potter
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