Nombre: Rand
Edad: 25
Estatura: 1,80Mts
Peso: 70 Kg
Contextura: Atlética
El circo había quedado atrás, su familia no valía la pena como para volver a ocuparse de ellos también, comida no le faltaba y afectos tampoco. No tenía por qué tomarse la molestia de llevar a cuestas a su tortuoso árbol genealógico cuando ellos mismos no se preocupaban por sus problemas.
Sus caminos se habían separado cuatro años atrás, cuando Rand conoció a Emily, quien lo presentó en el circo ambulante de, ya no sabía, qué procedencia. La decisión no fue la más segura ni, mucho menos, firme de su vida pero era lo que tenía y a lo que iba a aferrarse de ahí en más.
Emily le mostró, más allá de las instalaciones de la carpa en proceso de desintegración, las personalidades con las que iba a tener que lidiar día a día, los malos humores y los buenos, en quién podía confiar y quién iría corriendo a contarle al resto todos los chusmeríos acerca de cualquier detalle, por mínimo que fuera. A Rand no le importaba, ni la gente, ni Emily y creía, por lo menos en ese momento, que ni él mismo. El objetivo era seguir vivo para encontrar otro objetivo. Fuera de su casa, fuera de su ciudad o fuera de la tierra si era necesario.
Se le daban bien los trapecios y hacer el tonto en frente de la gente, eso decía Emily al menos. ¿Cómo iba a tomar en serio la opinión de la china contorsionista que tenía pensamientos tan retorcidos como su propio cuerpo?, al menos era algo de qué sentirse seguro y debía admitir que muy lejos de la verdad no podía estar, al fin y al cabo la gente lo aplaudía y volvían varias veces, claro que no podía darse el lujo de hacerse cargo ya que había tantos otros circenses. Una o la otra, quizá en el fondo sí le importaba sentirse útil.
Tanto como los problemas en su familia, el circo pasó a ser parte de su pasado el día en que Rand notó que no llevaba la personalidad necesaria para soportar tanto liderazgo añorado entre sus compañeros, mucho menos el del dueño, quien vendería a su abuela por dos butacas silenciosas menos. Por supuesto, nunca lo acusó a la cara y Gregory debía estar pensando el por qué de su ausencia a la segunda función de la tarde. Seguramente los cotilleos le llegarían en segundos y algún buen invento lo dejaría conforme para empezar a buscar un nuevo acróbata.
Las esquinas frías y los autos que nunca bajan las ventanillas no lo hicieron darse por vencido. Su objetivo de buscar objetivo seguía coloreando un poco el paisaje, lo cual le garantizaba que una o dos veces en la tarde una familia esbozara una sonrisa al verlo jugar con fuego entre semáforo y semáforo, o levantar las cinco pelotas grandes como piñatas que caían una y otra vez entre los frenéticos autos que esperaban la luz amarilla para arrasar con el mundo, esa familia se tomaba siempre el tiempo de recibir la sonrisa de Rand al darle algún billete de humilde valor y de recibir, también, algún que otro bocinazo feroz del resto de los vehículos.
lunes, 8 de junio de 2009
Rand
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